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viernes, 4 de marzo de 2011

Puertas que se cierran

Oigo palabras que llegan desde muy extraños lugares: un libro anodino, una canción insospechada, una película hermosa... Palabras que alguien me dice sólo para mí, como si el mundo, el universo, estuvieran intentando recordarme algo que he olvidado, algo obvio y liviano, algo sencillo y difícil, un paso, un mapa, un camino.

Se me ocurre de repente, en medio del baño, que quizá debo quemar mis naves, dar un paso irrevocable, carbonizar en una hoguera silenciosa todo lo viejo, lo que ya no sirve. Porque si no lo hago yo, nadie lo hará por mí. Me quedaré desnuda en medio del viento, es cierto, y no sé muy bien qué voy a hacer, ni donde acabará todo este jaleo, esta inmolación subterránea, pero no es eso lo que me asusta, más bien tengo miedo de volverme a engañar, de prometerme un algo que no voy a cumplir, dejándome a mi misma huérfana en medio de la nada, o peor, en medio de este hastío que me tiene harta.

Se me ocurren preguntas: ¿vale todo? Y una voz me contesta enseguida que no, no vale todo, hay cosas que son trampa y cosas que no, y no vale hacer trampas. Porque si las hago estaré de nuevo al comienzo del laberinto, sabiendo que no me creí, sabiendo que no lo intenté de verdad.

¿Sabes? Si no me comprometo, nada importa. No puedo fallar, es cierto, pero así tampoco valen los logros, resultados que salen por casualidad, por carambola, algunas cosas buenas, algunas malas, nada que me haga sentir orgullosa. No sé si me equivoco, si no estoy cayendo en el viejo vicio de considerar que sólo lo que cuesta esfuerzo vale la pena, pero no tengo tiempo de seguir teorizando, porque mientras lo hago, mientras huyo de las mil maneras que conozco, la vida pasa por mi lado sin esperarme. Me muero, como tú me estoy muriendo, no tengo tiempo para tonterías.

Quizá esto debería ser una despedida, no lo sé, el corazón cambia, los sentimientos cambian, los anhelos, los placeres, los dolores, los agarres, los placebos y los fardos cambian, lo que vale para hoy es nefasto para mañana, así que por si acaso no te diré adiós, sólo buenas noches, duerme bien, descansa, amor, hay mucho por hacer, mucho papel que descubrir, mucha agua en la que navegar, mucha gente a quien besar.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Puertas cerradas

He tenido un sueño horrible:

Estaba punto de hacer algo, planeando algo, no recuerdo muy bien el qué, necesitaba mis manos para hacerlo, eran las protagonistas. Por eso me las miraba, satisfecha de tenerlas, de poder abordar la tarea que me había autoimpuesto, que tenía tantas ganas de hacer.

Pero de repente alguien me dijo que mis manos eran demasiado mayores para eso, que lo que pretendía poner en marcha era algo que debía haber hecho hace mucho, mucho tiempo, que ya no me tocaba a mí recorrer ese camino. Y yo volvía a mirarme las manos, y seguían siendo las mismas, la misma apariencia de fortaleza, la misma reciedumbre, los mismos dedos delgados, las mismas uñas, aunque ahora podía advertir levemente el paso del tiempo. Eran más sabias, pero más viejas. Al mirarlas me daba cuenta de que lo que me decían era cierto, no me tocaba a mí emprender la tarea, era para manos mas jóvenes, para manos de mujeres más inocentes, menos experimentadas.

Alguien, ¿la misma persona?, me ponía entonces un cartel sobre las manos: "manos de 60 años". Y no estaba mal, sencillamente el cartel remarcaba la realidad. Y yo me daba cuenta de que eran muchas las cosas que no había hecho en mis 60 años de vida, cosas que ya no era tiempo de comenzar, que habían quedado atrás, que ahora eran otras manos, la manos de mi interlocutora, las que podían, si querían , emprender todos esos retos que yo no había abordado.

Y el sueño terminaba conmigo mirándome las manos, preguntándome sin demasiada amargura, pero con mucha perplejidad, por qué no había hecho todo aquello que ya no era posible, por qué había dejado pasar el tiempo y la oportunidad. Entonces fui consciente por primera vez en mi vida de lo que significa realmente que el tiempo pase, que se cierren puertas, casi pude verlas, todas en fila, una detrás de otra, puertas para otras vidas, otras mujeres, otras manos.

Pero no fue con mis manos con lo que soñé.