Debe estar en alguna parte, debajo de la cama articulada, o en la bolsa negra que mi madre guarda en la taquilla monopolizándola, o en el cajón de la mesita-bandeja. O quizá la tiré sin darme cuenta una de estas noches interminables en la enorme papelera del baño, lo cual, si es cierto, vuelve la cosa totalmente irremediable.
Pero a lo mejor no fue aquí, aunque me parezca lo contrario tengo vida fuera de estas paredes de color crema, lejos de los tubos y los gorgoteos y los asaltos continuos a nuestra intimidad. O sea que es posible que la haya perdido entre la ropa sucia de casa, o que la haya metido por un despiste en un tuperware y la tenga congelada en la nevera. O la dejé escondida sin querer entre la legión de peluches de mi hija, o el mayor se la llevó para enseñarla a los amigos del insti. Pero no creo, me la hubiera devuelto... o me hubiera confesado, dada la gravedad del asunto, que la ha perdido como pierde tantas cosas que a mí me parecen importantes y sin las que él vive perfectamente.
Puede que esté en el bolso, lo he mirado pero ya se sabe cómo son los bolsos, agujeros negros de fondos insondables, sede de las cosas más insospechadas, refugio de objetos pequeñitos y a menudo pinchantes que te sorprenden en cualquier busqueda cotidiana de llaves recordándote que eres roja por dentro, o sea, que tendré que volver a mirar, organizar incluso una misión de cascos azules para que saquen de sus escondrijos a todo lo que coloniza mi bolso sin permiso descolgándome el hombro.
En fin, que desde que todo esto empezó he perdido la cabeza. Mucho me temo que es una cosa suya, que huyendo está intentando soslayar tanta zozobra, tanta incertidumbre y tanta certeza de esas incómodas de mirar. Maldita sea, porque desde que se fue parezco más tonta de lo que soy. Y, si no eres rubia, el glamour se pierde.
Sí, vale, pero ¿que es la vida real? Porque últimamente me parece muy escurridiza!
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viernes, 23 de septiembre de 2011
lunes, 27 de diciembre de 2010
Tremenda
Es como si hubiera perdido la cabeza pero no, sé que sigue ahí porque me duele y porque la gente no grita al mirarme. Digamos que mi cabeza no funciona, o no lo hace como habitualmente. Si no existieran los espejos yo estaría convencida ahora mismo de que mi cabeza ha aumentado por lo menos cinco tallas de sombrero (espero que cinco tallas más de sombrero sea una barbaridad, no sé nada sobre sombreros, me sientan fatal) y que la melena se me ha vuelto plomo porque si no, no lo entiendo.
Durante las primeras horas del día todo parece ir más o menos bien, consigo convencerme a mí misma de que todo va correctamente, pero conforme pasa el día me voy dando cuenta de todas las cosas que se me han pasado por alto, algunas insignificantes, casi todas importantes. Mi cabeza, por ejemplo, no consigue unir dos datos objetivos aunque los tenga delante, no sabe relacionar, pongamos por caso, las frases "tienes trabajo el día 27" con "hoy es día 27", por lo que me quedo en casita tranquilamente no haciendo nada que no se sonarme la nariz y quejarme de dolor de cabeza, es decir, que sobreviene el desastre, un desastre inexplicable, un desastre absurdo y estúpido, un desastre risible si no fuera por el mar de excusas que tendré que inventar mañana porque además a ver cómo invento yo nada con esta cabeza de saldo!
Podría ponerme tremenda, que es algo que se me da muy bien, y empezar a suponer que, entre lo que acabo de contar y la dislexia reciente que me obliga a corregir una de cada tres palabras que escribo, tengo algún tipo de problema cerebral grave, lo que explicaría tanto el repentino aumento de tamaño de mi cabeza como la bruma que me envuelve últimamente y que hace que la gente definitivamente se de cuenta por fin de que soy mucho menos lista de lo que aparento.
Pero no es nada de eso, ni tengo un tumor (vamos, digo yo así a bote pronto, sin pruebas médicas de ningún tipo) ni me está atacando el alzheimer, ni he tenido un ictus. Al final todo va a ser que me estoy mudando, lo estoy viendo venir.
Durante las primeras horas del día todo parece ir más o menos bien, consigo convencerme a mí misma de que todo va correctamente, pero conforme pasa el día me voy dando cuenta de todas las cosas que se me han pasado por alto, algunas insignificantes, casi todas importantes. Mi cabeza, por ejemplo, no consigue unir dos datos objetivos aunque los tenga delante, no sabe relacionar, pongamos por caso, las frases "tienes trabajo el día 27" con "hoy es día 27", por lo que me quedo en casita tranquilamente no haciendo nada que no se sonarme la nariz y quejarme de dolor de cabeza, es decir, que sobreviene el desastre, un desastre inexplicable, un desastre absurdo y estúpido, un desastre risible si no fuera por el mar de excusas que tendré que inventar mañana porque además a ver cómo invento yo nada con esta cabeza de saldo!
Podría ponerme tremenda, que es algo que se me da muy bien, y empezar a suponer que, entre lo que acabo de contar y la dislexia reciente que me obliga a corregir una de cada tres palabras que escribo, tengo algún tipo de problema cerebral grave, lo que explicaría tanto el repentino aumento de tamaño de mi cabeza como la bruma que me envuelve últimamente y que hace que la gente definitivamente se de cuenta por fin de que soy mucho menos lista de lo que aparento.
Pero no es nada de eso, ni tengo un tumor (vamos, digo yo así a bote pronto, sin pruebas médicas de ningún tipo) ni me está atacando el alzheimer, ni he tenido un ictus. Al final todo va a ser que me estoy mudando, lo estoy viendo venir.
lunes, 11 de octubre de 2010
Cansancio
Hoy estoy con un cansancio encima brutal. Es un cansancio físico más que mental o anímico, una pesadez en los músculos (por excesos de gimnasio, me temo, y puede que por falta de carne) que me tiene clavada a la silla, sin ánimo más que para revolotear de página en página por internet, buscando tonterías, o para imaginar obsesivamente mi sofá y una buena peli. Pero estoy tan cansada que no tengo fuerzas para llegar hasta el salón. Podría arrastrarme, es cierto, en vez de caminar, pero resulta más cansado todavía, esas son cosas que sólo se hacen ante una emergencia: huir de un incendio o de un búfalo desbocado, o intentar llegar al teléfono de urgencias mientras te desangras, o intentar escapar de un asesino con cuchillo que ya te ha alcanzado una vez, o estar dormida soñando cualquiera de las cosas anteriores.
Estaría genial poder tender tu cuerpo de vez en cuando, o sea, lavarlo un poco con jabón neutro y colgarlo en alguna parte para que se seque sin perder la forma (desengáñate, cualquier forma aleatoria que pudiera coger tu cuerpo al tenderlo sería peor que la forma que ahora tienes), mientras tu te dedicas a flotar por el techo, comprobando de paso las zonas de las lámparas que necesitan mejor limpieza.
A mí me suele dar más por desatornillarme las piernas, que a veces me pesan demasiado, pero hasta ahora no he encontrado la manera. Estaría genial dejarlas a un lado,boca a bajo, para que se deshinflen cuando has caminado demasiado, o quitártelas cuando te has hecho rozaduras con los zapatos nuevos, o simplemente dejarlas de lado cuando te avergüenzan con tanto pelo.
También sería bonito poder quitarnos la cabeza, pero tendríamos que hacerlo todo el mundo al mismo tiempo, no debe ser un plato de gusto ver a nadie caminando sin cabeza, la traquea y las arterias al viento. Seguro que alguien se haría de oro inventando tapaderas para el cuello que evitaran la entrada de virus e insectos, que protegieran el engranaje de reenganche de la cabeza para no tener que ir luego por ahí con los mocos colgando o la cabeza de lado por un mal acoplamiento.
En fin, que estoy tan cansada que no sé lo que escribo.
Estaría genial poder tender tu cuerpo de vez en cuando, o sea, lavarlo un poco con jabón neutro y colgarlo en alguna parte para que se seque sin perder la forma (desengáñate, cualquier forma aleatoria que pudiera coger tu cuerpo al tenderlo sería peor que la forma que ahora tienes), mientras tu te dedicas a flotar por el techo, comprobando de paso las zonas de las lámparas que necesitan mejor limpieza.
A mí me suele dar más por desatornillarme las piernas, que a veces me pesan demasiado, pero hasta ahora no he encontrado la manera. Estaría genial dejarlas a un lado,boca a bajo, para que se deshinflen cuando has caminado demasiado, o quitártelas cuando te has hecho rozaduras con los zapatos nuevos, o simplemente dejarlas de lado cuando te avergüenzan con tanto pelo.
También sería bonito poder quitarnos la cabeza, pero tendríamos que hacerlo todo el mundo al mismo tiempo, no debe ser un plato de gusto ver a nadie caminando sin cabeza, la traquea y las arterias al viento. Seguro que alguien se haría de oro inventando tapaderas para el cuello que evitaran la entrada de virus e insectos, que protegieran el engranaje de reenganche de la cabeza para no tener que ir luego por ahí con los mocos colgando o la cabeza de lado por un mal acoplamiento.
En fin, que estoy tan cansada que no sé lo que escribo.
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